Un 8 de marzo para la igualdad real y efectiva, la libertad plena, y violencia cero

Un 8 de marzo para la igualdad real y  efectiva, la libertad plena, y violencia cero

El 8 de marzo no es una fecha para el marketing de escaparate. Es el día en que las mujeres y quienes creemos en la igualdad real alzamos la voz para exigir lo que nunca debió estar en duda: la igualdad real y efectiva entre mujeres y hombres. No la igualdad del papel, ni la del discurso electoral, sino la que se mide en salarios, en seguridad, en acceso al poder y, en última instancia, en vidas libres. Una igualdad que, a día de hoy, sigue siendo una asignatura pendiente que tenemos la obligación política y moral de aprobar.
Como coordinadora autonómica de Ciudadanos en la Comunitat Valenciana y vicealcaldesa de Oropesa del Mar, lo digo con convicción: queda mucho camino por recorrer. Demasiado. Y recorrerlo exige valentía, claridad y la negativa absoluta a ceder ante quienes relativizan lo que no admite relativismo.
Violencia contra las mujeres: tolerancia cero y sin matices
La violencia contra las mujeres no es un problema privado ni doméstico. Es un problema estructural, político y social que exige una respuesta firme y sin ambigüedades. Cada mujer asesinada a manos de su agresor representa el fracaso más brutal de una sociedad que aún no ha sido capaz de erradicar la cultura que ampara ese crimen.
No podemos normalizar lo que debe indignarnos. No podemos acostumbrarnos a los números cuando detrás de cada cifra hay un nombre, una historia y una vida truncada. La violencia machista no tiene justificación posible, no admite excusas culturales ni atenuantes ideológicos. Tolerancia cero: sin matices, sin peros, sin fisuras.
Mirada a Irán: la libertad de las mujeres no tiene fronteras
Mientras en España debatimos sobre tecnicismos normativos, y si usamos un eufemismo u otro para llamar a las cosas relacionadas con la violencia sobre las mujeres, en Irán ellas son encarceladas por mostrar el cabello, por levantar la voz, por no obedecer a un hombre. Son silenciadas, anuladas, borradas de la vida pública en una sociedad, que yo tildo de “mutilada” que las trata como propiedad del Estado y del hombre. Mahsa Amini se convirtió en símbolo de lo que ocurre cuando un régimen decide que una mujer no tiene derecho ni sobre su propio cuerpo.
Su valentía, y la de las miles de mujeres iraníes que salieron a las calles a gritarle al mundo que no les tenían miedo, es también la nuestra. Porque la libertad de las mujeres no entiende de fronteras geográficas ni ideológicas: o la defendemos en todas partes, o no la defendemos en ninguna. El feminismo liberal que practico no mira hacia otro lado cuando
conviene, sino que mira de frente.
Trabajo, formación y poder: las claves de la verdadera emancipación
La independencia económica no es un privilegio: es la condición sine qua non de la libertad real para una mujer. Porque quien no puede sostenerse económicamente es vulnerable, y una mujer condicionada, es una mujer a quien se le recortan las opciones vitales. Por eso apostamos, sin ambages, por la incorporación plena de la mujer al mercado laboral, en igualdad de condiciones. Y esto pasa por eliminar la brecha salarial, por una conciliación real —que no recaiga sistemáticamente sobre nosotras—, y por garantizar el acceso equitativo a la formación y la promoción profesional en todos los sectores, incluidos aquellos donde la presencia femenina sigue siendo minoritaria.
Y en política, necesitamos más mujeres en los despachos donde se toman las decisiones. No por cuota, sino por mérito y capacidad. Por valía. Por justicia. Porque la mitad de la sociedad no puede seguir ausente del poder. Porque las leyes, los presupuestos y las políticas públicas son mejores cuando reflejan la realidad de todas y todos. La presencia de mujeres en puestos de responsabilidad política no es un gesto simbólico: es una necesidad democrática.
Hoy y cada día: feminismo liberal, sin complejos
El feminismo liberal en el que creo no divide a la sociedad en bandos, no necesita del victimismo permanente como combustible, ni instrumentaliza a las mujeres con fines electorales. Todo lo contrario. Construye. Nos defiende como individuos, como personas libres, capaces y autónomas, y lo hace frente a cualquier sistema —sea un régimen teocrático, una cultura machista o una política paternalista— que pretenda reducirnos, limitarnos o hablar en nuestro nombre sin habernos preguntado.
Hoy, 8 de marzo, reivindico con orgullo y con firmeza: igualdad real y efectiva, libertad plena y violencia cero.