El sector de la hostelería ocupa a más de 22.000 personas en Castellón. El pico se produce en el mes de agosto, con unos 27.000 empleos. Uno de los motores económicos de la provincia, por detrás de la industria y el comercio. Y año tras año se repite el reclamo en busca de profesionales: trabajadores de hoteles, campings, bares, restaurantes, personal de cocina, camareros… En la Trobada HOAC que ha tenido lugar la tarde del 12 de enero en los salones de Aula Debate Mujeres del Grao de Castellón hemos tenido ocasión de poner rostro a las cifras.
Fernando trabaja en la cocina de un chiringuito de playa en jornadas de 10, 12 o más horas. En jornada partida que es una trampa porque “quedan horas muertas sin saber qué hacer». Como él dice, trabajando así “vas a contramano, mi descanso empieza el domingo por la tarde, al revés del resto de la gente”. Trabaja a gusto, en una empresa familiar que se preocupa por los trabajadores. Aún así, relata que las condiciones de trabajo en este sector no son las mejores. El trabajo en cocina es muy estresante, no permite descansos. Además es un trabajo poco valorado: “todas las personas deberían trabajar en hostelería para saber qué se vive estando ahí dentro. El cliente por el hecho de pagar y tener personas a su servicio, se siente con derecho a todo, no suele importarle el trabajo que hacen otros y en muchas ocasiones no son respetuosos ni empáticos con los empleados”.
Josep desde hace unos tres años completa sus 40 horas semanales de trabajo haciendo extras de fin de semana como camarero en un catering. Cubriendo bodas, comuniones, eventos… abundan estudiantes y gente joven. Otro perfil, un 20%, suelen ser personas con responsabilidades familiares que completan su sueldo con un plus. El convenio de la hostelería es provincial, Castellón sigue a la cola de la Comunidad Valenciana. Se renovó el pasado otoño, pero posiblemente se le ha dado muy poca publicidad. Precisamente se enteraron porque en un momento dado les ingresaban 9.40 € por hora trabajada y decidieron preguntar a la ETT, no se trataba de un error. Trabaja, ha hecho amistades, se siente a gusto, pero no deja de reconocer que “no me planteo este trabajo para toda la vida, tan sólo un tiempo, para completar mi sueldo”.
Otras personas del público aportan la cara y la cruz del trabajo en este sector: los ritmos y las exigencias que machacan el físico y la mente. La organización del trabajo que dificulta la vida fuera del mismo. La falta de reconocimiento, que sean trabajos ocultos, que se mueven en convenios que rozan el salario mínimo, que llevan a ser “de paso”, en “un periodo vital”, para “completar un sueldo” o bien para cuando “no se encuentra nada más”. Con dificultades para compatibilizar la vida social o familiar. Todo ello nos habla de un sector precario. Quizás por ello sea complicado encontrar a personas motivadas y candidatas a trabajar en la hostelería.